lunes

Karma

El tipo de aire soñoliento, que espera al autobús se entretiene con el correteo de una hormiga, baldosa arriba, baldosa abajo.
Bosteza, mientras piensa en lo fútil de la vida y de la triste rutina de ésta que, afanosamente, arrastra un trocito de hojaldre, que trabaja duro y a diario para sobrevivir.  Inconscientemente, deja caer su dedo índice sobre el insecto. Pero, en el último momento, se detiene. 
Teme al karma.

viernes

Una bala de cristal

La poesía es un arma
cargada de futuro,
-ya lo dijo Celaya-,
gritos ácidos en la recámara.

Echa un vistazo al retrovisor,
y mira hacia delante, ahora,
¿no ves el mismo panorama?
Todo muta, nada cambia.

El mundo es un animal
que sangra
y agoniza.
¿Pueden salvarle los cuidados,
lamentarnos,
o acaso dispararle
a bocajarro
es la opción más humana?

Mira.
Observa su pecho hinchándose,
su corazón latiendo -más, más lento-,
su cáncer extendiéndose,
metástasis en forma
del zumbar de la bomba,
de los ecos de aquellos
que hoy abonan
los terrenos horadados
que ahora tienen nuevos dueños.

Si quema el metal del odio,
del hastío,
de la ansiedad por estar vivo
y no tener un sentido,
ni conocer el precio de una sonrisa,
dispara balas de cristal
que penetren sin ser vistas.
Francotirador en la terraza
y fuego a discreción
hasta que el amor sea el motor,
hasta que el miedo sea un sinsentido.

La poesía es un arma
y hacen falta más poetas
ni estar quieto, ni callado,
ni atacar a la sangre roja...

disparar de frente a las conciencias.

lunes

Certamen

No. No me premiaron en aquel concurso literario.
Había malgastado mi precioso tiempo y algo de mi dinero en folios, tinta, sobres y sellos y no, no me dieron el primer premio en aquel concurso.
Tampoco el segundo premio, ni siquiera el tercero.

Pero eso sí, tuvieron la deferencia de escribirme para explicarme por qué no les había gustado mi relato.
Su email (ya que ellos no se gastaron un duro en papel, ni en sellos) decía así:

Estimado autor de "La última borrachera":

Siendo como es éste un concurso de relatos destinados a su lectura por parte de los enfermos que han de permanecer ingresados en los centros de salud de nuestro grupo hospitalario, encontramos inapropiado y de mal gusto el escrito que nos hizo llegar, en el cual, entre líneas, se hace apología de la eutanasia o de otras formas de reducción del tiempo de vida.

Esperamos que, con el tiempo y la madurez, modifique la línea de su literatura para bien suyo y del resto de sus lectores.

Reciba un cordial saludo.

XXX, 
Jefe de prensa del Grupo Hospitalario YYY .

No dudé ni un momento. Cliqué sobre el botón de Redactar e inicié la escritura de mi respuesta:

Estimado XXX, Jefe de prensa del Grupo Hospitalario YYY

Me gustaría hacerle saber que, pese a que su agudeza mental y su visión sobre el mensaje implícito en mi historia es acertada, yo también estoy en contra de la eutanasia. De hecho, nunca la aplico sobre aquellos escritos que, en opinión de mentes estreñidas como la suya, merecen morir. Lo que hago con ellos es enviarlos a que prueben suerte en concursos literarios de segunda categoría, como el suyo.

Por otro lado, si algún día yo sufriera algún desafortunado accidente, y corriera tan mala suerte que tuviera que ser hospitalizado en alguno de los centros de su grupo, agradecería tener lejos de mí una literatura tan pésima y plomiza como la que su hospital ha decidido premiar en este certamen. En caso contrario, no estaría de más que me fuera aplicado algún mecanismo de reducción del tiempo de vida o, al menos, que mi sufrimiento fuera aliviado con, quien sabe, ¿morfina?

Espero que, con el tiempo, modifiquen la línea de sus gustos literarios para bien de sus futuros pacientes, que bastante tienen los pobres con estar hospitalizados, como para tener que leer ese tipo de bodrios con encuadernación de pasta blanda.

jueves

Silencio

Necesito silencio. Para crear. Silencio.

Necesito dejar de oír cómo te mueves a mi espalda, el contacto de la goma de la suela de tus zapatos contra el suelo. Necesito que cese ya.

Ni una tos, ni un estornudo, ni un susurro, ni una pregunta. Necesito que te calles de una vez.

No puedo crear sin silencio, maldita sea.

Y no es que necesite que hagas como si no estuvieras aquí. Necesito que no estés aquí. Necesito estar solo, rodeado de nada. Apartar la vista de la pantalla y no ver nada a mi alrededor más que un inmaculado y apacible y luminoso silencio. Un vacío sin forma ni color.
Mirar por la ventana de mi cuarto y no ver nada. Nada en absoluto. Inmovilidad perpetua. Naturaleza muerta. La sinfonía más bella jamás compuesta: Un pentagrama en blanco titulado Silencio.

En el universo debía reinar el silencio más puro, jamás escuchado, antes del Big Bang. De otro modo, no habría sido posible la Creación. Y después de eso, todo fue caos y cosmos y agujeros negros en forma de desagües succionando la luz y la materia y la energía y, tal vez, algún tipo de forma de vida desconocida. El silencio es lo que precede a todo acto de creación.

Un fantasmagórico y gélido y mortuorio silencio.